Diferencias y tonos de palacio

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M ú s i c a     e s p a ñ o l a     p a r a     a r p a     d e l     s i g l o     X V I I 

En el siglo XVII español el arpa retoma la importancia como instrumento musical que había tenido en la época medieval. Su relativo oscurecimiento en el siglo XVI se debió a la imposibilidad técnica del arpa diatónica para reproducir los cromatismos inherentes a la música instrumental del siglo XVI. Sin embargo, la invención a finales del siglo XVI del arpa española de dos órdenes, así como la relativa simplificación del lenguaje musical barroco con un contrapunto menos denso y volcado en la melodía y el bajo, hicieron que el arpa volviese a un primer plano de la vida musical.

Dos tipos de arpas se emplearon en la España del siglo XVII: el arpa de una orden y el de dos órdenes o hileras. Ésta última cromática; la primera diatónica, pero tal como detalladamente nos informan tanto Ribayaz como Huete y Nasarre, con la capacidad de producir semitonos utilizando la llamada ‘manera de Ludovico’, el que fuera famoso arpista en la corte de los Reyes Católicos. Consiste esta técnica en el uso del dedo índice o pulgar de la mano izquierda para conseguir los semitonos al presionar, a modo de cejilla, la cuerda requerida en la cabeza del arpa.

Además de ser instrumento conocido en la corte madrileña, donde entre otros ejercieron como arpistas Jobernardi y Juan Hidalgo, se usaron arpas de una y dos órdenes en casi todas las catedrales españolas. Aquí la función primordial del arpista era la realización del acompañamiento musical para uno de los coros. De igual manera fue el instrumento más empleado, junto a la guitarra, por las compañías teatrales en las partes musicales (‘cuatros de empezar’, ‘loas’) que se intercalaban en las obras dramáticas. Fruto de toda esta actividad fue la impresión de varios libros de música en cifra para arpa de los que lamentablemente sólo se han conservado dos títulos. Junto a ellos contamos también con varios manuscritos, destacando el del arpista navarro Bernardo de Zala y Galdiano con más de trescientas páginas de música para arpa, y el manuscrito 816 de la Biblioteca Nacional.

El burgalés Lucas Ruiz de Ribayaz, nacido en 1626 y que fuera presbítero de la iglesia colegial de Villafranca del Bierzo, fue como él mismo nos dice, un aficionado a la música que felizmente tuvo la idea de publicar Luz y Norte Musical en 1677. La obra se divide en dos partes: una primera con música de guitarra, en su mayor parte de Gaspar Sanz; la segunda dedicada al arpa con piezas, según nos dice, de Juan del Vado (1615-c.1675), violinista de la Capilla Real en 1635 y que escribió un libro de música para arpa que no se llegó a publicar, y de Andrés Lorente (1624-1703), cuya obra para arpa y tecla Melodias Musicas sí se publicó pero se halla perdida.

Diego Fernández de Huete, nacido hacia 1650, consiguió su plaza como arpista en ala catedral de Toledo en 1681. Durante los aproximadamente veinticinco años que ejerció su cargo, fue escribiendo las obras que conforman su Compendio numeroso de Zifras armonicas para Harpa de una orden, de dos ordenes, y de Organo. La obra se publicó en 1702 y 1704, si bien la licencia es de 1698. Una tercera parte no se llegó a publicar. Cada parte se divide a su vez en tres libros, siendo sus capítulos iniciales la mejor fuente de información sobre la práctica del arpa en el siglo XVII.

La obra de Ribayaz refleja el estilo arpístico de mediados de siglo: danzas y aires cortesanos y populares de claro sabor español, profusión de diferencias y un esquema armónico sencillo con unos bajos centrados en proporcionar la sucesión de acordes de la danza correspondiente. La obra de Huete refleja el gusto del último cuarto de siglo. Si bien manteniendo las características anteriores, hay una mayor riqueza armónica y amplitud en el tratamiento de las disonancias. De igual manera, junto a las clásicas danzas españolas aparecen, por primera vez, otras de origen foráneo como los minués y las correntas.

J a v i e r    S á i n z    [ 1 9 9 9 ]